El tema de las low cost cada vez está más de moda. Necesariamente, el mercado exige que haya oportunidades en ambos extremos: las cinco estrellas y un lucero a precio de lujo asiático, porque lo vale y la normalidad versátil y cómoda, pero además asequible. Si uno quiere disfrutar de unas merecidas vacaciones, ahorra y se deja mimar en todos los sentidos para disfrute y solaz de sí mismo; pero si uno necesita hacer uso de un servicio, cuya calidad no debiera exceder de lo que encontraría en su propia casa un martes por la noche, entonces el precio debe ser lo más reducido posible.
Un vuelo de 12 horas a un paraíso caribeño exige casi un billete en el que se incluyan todos los extras imaginables, porque en eso consisten las vacaciones. Mientras que un vuelo de una hora, maletín en mano, ida y vuelta en el mismo día, con el café en la garganta y corriendo para que nos dé tiempo a todo antes de que cierren el banco, lo único que exige es puntualidad y el precio más económico del mercado.
Esto que parece tan claro en las líneas aéreas es mucho más lógico y necesario en los hoteles. Por eso hay cadenas que ya nos permiten disfrutar de un mínimo espacio, decorado de forma lógica y útil, sin grandes lujos ni extravagancias que nadie va a utilizar, a cambio de las tecnologías punteras a la orden del día. Es decir, a mí que la bañera tenga hidromasaje, durante un viaje de trabajo, me viene a dar igual, pero que en todo el hotel se pueda disfrutar de wifi me parece fundamental. Si en la habitación no hay cuadros, ni sillones ni balcón con flores, no me afecta, pero que la cocina esté abierta 24 horas al día te da la vida cuando llegas de una reunión a la una de la mañana y te mueres de hambre. Un hambre que la chocolatina o las pasas del minibar no van a solucionar de ninguna manera. Y una mini copa de vodka al precio de una botella entera, tampoco. Prefiero que me suban de la cocina un buen plato de lo que sea. Incluso un bocadillo me sirve.
Si además, la noche me sale por 10 euros en lugar de por 60 euros... para no tener tiempo de disfrutar del gimnasio o de la piscina... la verdad es que el cambio compensa. Compensa mucho. Sobre todo porque, en el caso de los hoteles, no te encuentras con el timo-sorpresa de que te van cobrar un extra por la maleta, otro por imprimirte el billete, otro por darte un sándwich. En el hotel, el precio de la habitación es el precio final, sin trampa ni cartón. Y el precio de los servicios añadidos no constituye un atraco a mano armada para nadie. Así, uno sabe en todo momento, lo que se puede permitir y lo que no.
Cadenas como Formule 1 o Ibis lo pusieron de moda y otros como Sidorme lo llevaron al extremo, reduciendo precios y ofreciendo mejores infraestructuras. Actualmente se ha convertido en toda una filosofía de vida y hay quien lo lleva hasta sus últimas consecuencias. Es el caso de Travelodge, quienes no sólo se encargan de ofrecer todo lo necesario para una estancia cómoda a un precio realmente bajo, sino que además apuestan más fuerte. En los hoteles de la cadena Travelodge te puedes llevar a toda la familia, porque los niños, pagan algo así como dos euros y medio. Y por si fuera poco, dan otro paso y te permiten llevarte a tu mascota. Perros y gatos tendrán una camita a su medida, platos para comer y beber y lo más importante, no tendrán que perderse las vacaciones familiares.
La idea me parece genial. Es maravilloso pensar que gracias a estas iniciativas, todo el mundo puede viajar de una u otra manera, y lo realmente importante, el hecho de salir de casa y conocer nuevas culturas, nuevas tradiciones, nuevas gastronomías y sobre todo, hacer nuevos amigos, está al alcance de todos. Así que ya no hay excusa para no empezar a preparar la maleta.
domingo, 21 de marzo de 2010
jueves, 25 de febrero de 2010
Huelgas, la solución para nada.
Actualmente vivimos en un ambiente de crispación casi histérica, afortunadamente y por una vez, fuera de España. Grecia y Francia se han apuntado a la moda de la huelga, como solución para ningún problema. Quizá, en sectores ajenos al turismo, el paro absoluto suponga la suficiente presión como para que al final alguien se baje los pantalones y ceda, pero desde luego, en el sector turístico... la huelga no es más que agravar el problema.
Veamos, si alguien va al hospital y en el hospital están de brazos cruzados y le dicen que no le atienden, la cosa es grave. Alguien tendrá que hacer algo en un mínimo espacio de tiempo, porque con la salud no se juega. Y se acaba haciendo. Si se hace huelga, por ejemplo, de agricultores. En no más de una semana la cosa tiene que estar solucionada, porque comer hay que comer. Pero si yo me encuentro que voy a ir de vacaciones a un país, en el que no me van a prestar ningún servicio porque andan de morros con la vida y su gobierno... sencillamente, cambio los billetes y lo borro de la lista de posibilidades.
Consecuencia, si uno presiona en un sector X, puede conseguir lo que pide y continuar su labor, pero si uno presiona en un espacio tan frágil (y que además anda de capa caída) como es el turismo... puede presionar todo lo que quiera, que aunque consiga lo que quería, será para nada, porque el daño ya está hecho y los clientes perdidos. ¿Podrá seguir trabajando después si ya no hay trabajo que realizar? Es lamentable pero es así. Nuestros clientes son poco fieles en ese aspecto. Si me tratas como mi madre, volveré y volveré, pero si tengo que ponerme en tu lugar, los únicos días del año en que lo que yo quiero es uno mover un dedo y mucho menos pensar en nada... paso. Me voy a otro sitio, porque las vacaciones son como las vitaminas y si no las tengo, no funciono igual. Más aún, si las he conseguido pagar, espero, como mínimo, lo mejor. Si me das menos... aunque lleves razón, no volveré a volar contigo, no volveré a tu hotel, ni a tu restaurante, ni a tu playa, ni a tu museo. Sencilla y simplemente porque la oferta es tan grande, que no tengo porqué aguantarlo. No se va a implicar en lo más mínimo.
Y así, nuestros vecinos se cubren de gloria y ya de paso, nos cancelan los vuelos a nosotros. Una situación insostenible y más cuando son precisamente los franceses quienes ostentan el título de 1º potencia en turismo a nivel mundial. Cedido amablemente por los americanos y sus nuevas neurastenias de la seguridad menos segura de todas. Ojalá la sangre no llegue al río y podamos disfrutar en breve de una calma merecida para ver cómo el perfecto engranaje del turismo, se vuelve a mover con soltura.
Veamos, si alguien va al hospital y en el hospital están de brazos cruzados y le dicen que no le atienden, la cosa es grave. Alguien tendrá que hacer algo en un mínimo espacio de tiempo, porque con la salud no se juega. Y se acaba haciendo. Si se hace huelga, por ejemplo, de agricultores. En no más de una semana la cosa tiene que estar solucionada, porque comer hay que comer. Pero si yo me encuentro que voy a ir de vacaciones a un país, en el que no me van a prestar ningún servicio porque andan de morros con la vida y su gobierno... sencillamente, cambio los billetes y lo borro de la lista de posibilidades.
Consecuencia, si uno presiona en un sector X, puede conseguir lo que pide y continuar su labor, pero si uno presiona en un espacio tan frágil (y que además anda de capa caída) como es el turismo... puede presionar todo lo que quiera, que aunque consiga lo que quería, será para nada, porque el daño ya está hecho y los clientes perdidos. ¿Podrá seguir trabajando después si ya no hay trabajo que realizar? Es lamentable pero es así. Nuestros clientes son poco fieles en ese aspecto. Si me tratas como mi madre, volveré y volveré, pero si tengo que ponerme en tu lugar, los únicos días del año en que lo que yo quiero es uno mover un dedo y mucho menos pensar en nada... paso. Me voy a otro sitio, porque las vacaciones son como las vitaminas y si no las tengo, no funciono igual. Más aún, si las he conseguido pagar, espero, como mínimo, lo mejor. Si me das menos... aunque lleves razón, no volveré a volar contigo, no volveré a tu hotel, ni a tu restaurante, ni a tu playa, ni a tu museo. Sencilla y simplemente porque la oferta es tan grande, que no tengo porqué aguantarlo. No se va a implicar en lo más mínimo.
Y así, nuestros vecinos se cubren de gloria y ya de paso, nos cancelan los vuelos a nosotros. Una situación insostenible y más cuando son precisamente los franceses quienes ostentan el título de 1º potencia en turismo a nivel mundial. Cedido amablemente por los americanos y sus nuevas neurastenias de la seguridad menos segura de todas. Ojalá la sangre no llegue al río y podamos disfrutar en breve de una calma merecida para ver cómo el perfecto engranaje del turismo, se vuelve a mover con soltura.
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viernes, 12 de febrero de 2010
La terapia del Carnaval
El Carnaval es una fiesta cuyo significado se pierde en el origen de su historia. Cada uno puede agarrarse a la idea que mejor le parezca, desde la etimología italiana, según la cual, es el período en el que se puede consumir carne, antes de que llegue su prohibición con la cuaresma, el miércoles de ceniza; hasta una fiesta pagana muy antigua cuya tradición habla de una ofrenda de carne al dios indoeuropeo Baal, la fiesta en la que todo vale. Personalmente creo que proviene de las bacanales romanas, aunque reconozco que también podría hacerlo de las fiestas de la fertilidad celta, en las que los campesinos se reunían en verano, con máscaras y el cuerpo pintado de colores, alrededor de una hoguera, para ahuyentar los malos espíritus y celebrar las buenas cosechas. Cientos de historias rodean esta celebración, pero yo me quedo con la de: "la fiesta en la que todo vale". Me gusta.
En realidad es un poco así, todo vale y eso quiere decir que uno se puede transformar en aquello que, en principio, no es. Para bien o para mal, es decir, uno puede disfrazarse de rey y abolir de un plumazo las clases sociales ascendiendo a toda velocidad en el escalafón, o de superhéroe, lo cual lo sitúa muy encima del propio rey; o de dios de alguna religión pagana (porque a los dioses de las religiones oficiales no se les conoce el aspecto), pero también se puede uno disfrazar exactamente de otra persona que sí podría haber sido, ahí entran en juego las profesiones: policía, bombero, médico, enfermera, payaso, legionario romano, cabaretera... gente que quiere ser otra persona de golpe y hacer un pequeño borrón en su saldo emocional, es decir, "todo vale" y yo voy a descargar todo el estrés, la frustración, la rabia… y me voy a cargar las pilas con alegría. Funciona. Aunque uno termine agotado absolutamente, habrá valido la pena.
Pero los mejores disfraces, son los que aluden a la fantasía propia de cada uno... y no me refiero a las carrozas de los desfiles en las que las reinas no simbolizan nada y quedan meramente como elementos decorativos de un conjunto y que finalmente no son más que un reclamo turístico. Me refiero a la gente que se lo curra de verdad y te aparecen vestidos como una verdadera hada del bosque, como un unicornio con dos cuerpos, como un gnomo o como una vaca loca... Genial, aunque mis favoritos son los que van un poco más allá todavía. Tú los ves y no te queda claro, así que preguntas: yo voy de bol de Special K, yo voy de torre gemela, yo voy de wifi ¿no me ves las ondas?, nosotros somos un puñado de tuercas... no, yo no voy de momia, voy de paquete de vendas, somos un botiquín, mira, ese es la jeringuilla, ese la mercromina y aquél va... de botella de alcohol.
Es tan divertido. Yo este año he pensado en disfrazarme de algo que dé mucho miedo, no sé si hacerlo de botella de agua pasando por un control de aeropuerto, de radar de tráfico o de carta de Hacienda. Estoy indecisa. Y es que algunas veces se utilizan los disfraces para denunciar situaciones sociales que son inaceptables o que directamente rayan lo subnormal. Supongo que este año habrá más de uno que se vuelva los bolsillos del revés y diga que va de crisis. Ya sea en Cádiz, en Tenerife, en Venecia, en Brasil, en Munich o en el pueblo de nuestros padres, siempre es sorprendente, siempre es para disfrutar y siempre hay que echarle ingenio para sorprender a los demás. La consigna en algunos lugares es la de no dejarse reconocer hasta el final de la fiesta, lo cual da mucha libertad de actuación, pero claro, primero hay que idear un buen disfraz que mantenga nuestra identidad oculta... toda la noche.
En cualquier caso, Carnaval, como terapia funciona, y al fin y al cabo los requisitos para que funcione son los mismos que había hace miles de años cuando era un ritual para que la cosecha fuese buena o para que los astros fueran propicios: hay que disfrazarse, enmascararse, bailar y divertirse. No parece difícil. ¡Feliz Carnaval!
En realidad es un poco así, todo vale y eso quiere decir que uno se puede transformar en aquello que, en principio, no es. Para bien o para mal, es decir, uno puede disfrazarse de rey y abolir de un plumazo las clases sociales ascendiendo a toda velocidad en el escalafón, o de superhéroe, lo cual lo sitúa muy encima del propio rey; o de dios de alguna religión pagana (porque a los dioses de las religiones oficiales no se les conoce el aspecto), pero también se puede uno disfrazar exactamente de otra persona que sí podría haber sido, ahí entran en juego las profesiones: policía, bombero, médico, enfermera, payaso, legionario romano, cabaretera... gente que quiere ser otra persona de golpe y hacer un pequeño borrón en su saldo emocional, es decir, "todo vale" y yo voy a descargar todo el estrés, la frustración, la rabia… y me voy a cargar las pilas con alegría. Funciona. Aunque uno termine agotado absolutamente, habrá valido la pena.
Pero los mejores disfraces, son los que aluden a la fantasía propia de cada uno... y no me refiero a las carrozas de los desfiles en las que las reinas no simbolizan nada y quedan meramente como elementos decorativos de un conjunto y que finalmente no son más que un reclamo turístico. Me refiero a la gente que se lo curra de verdad y te aparecen vestidos como una verdadera hada del bosque, como un unicornio con dos cuerpos, como un gnomo o como una vaca loca... Genial, aunque mis favoritos son los que van un poco más allá todavía. Tú los ves y no te queda claro, así que preguntas: yo voy de bol de Special K, yo voy de torre gemela, yo voy de wifi ¿no me ves las ondas?, nosotros somos un puñado de tuercas... no, yo no voy de momia, voy de paquete de vendas, somos un botiquín, mira, ese es la jeringuilla, ese la mercromina y aquél va... de botella de alcohol.
Es tan divertido. Yo este año he pensado en disfrazarme de algo que dé mucho miedo, no sé si hacerlo de botella de agua pasando por un control de aeropuerto, de radar de tráfico o de carta de Hacienda. Estoy indecisa. Y es que algunas veces se utilizan los disfraces para denunciar situaciones sociales que son inaceptables o que directamente rayan lo subnormal. Supongo que este año habrá más de uno que se vuelva los bolsillos del revés y diga que va de crisis. Ya sea en Cádiz, en Tenerife, en Venecia, en Brasil, en Munich o en el pueblo de nuestros padres, siempre es sorprendente, siempre es para disfrutar y siempre hay que echarle ingenio para sorprender a los demás. La consigna en algunos lugares es la de no dejarse reconocer hasta el final de la fiesta, lo cual da mucha libertad de actuación, pero claro, primero hay que idear un buen disfraz que mantenga nuestra identidad oculta... toda la noche.
En cualquier caso, Carnaval, como terapia funciona, y al fin y al cabo los requisitos para que funcione son los mismos que había hace miles de años cuando era un ritual para que la cosecha fuese buena o para que los astros fueran propicios: hay que disfrazarse, enmascararse, bailar y divertirse. No parece difícil. ¡Feliz Carnaval!
lunes, 14 de diciembre de 2009
Vacaciones de vacaciones
Viajar en barco, siempre es viajar al fin y al cabo, pero no vamos a hablar de una romántica vida marinera, de puerto en puerto y arriando la mesana cada vez que el viento lo decida. Viajar, lo que se dice viajar, se puede hacer de muchas maneras, pero cuando uno se lanza, definitivamente, a abandonar el mundanal ruido, relajarse, disfrutar, dejarse llevar y no tener que tomar más decisiones que la de sentarse o levantarse... entonces hay que viajar en un barco. No en un barco cualquiera, en uno grande, en un crucero.
Se trata de conocer otros mundos, otras culturas, otras historias, pero sin preocuparse del transporte, el alojamiento, la comida, trazar un itinerario... sin preocuparse de nada.
Yo que soy fundamentalmente cómoda, pero que a la vez tengo el espíritu de los niños, disfruto los cruceros más que nadie. No hay peligro, no hay riesgo salvo en el casino, no hay agobios de tiempo ni pasa nada si coges el pasillo equivocado o si te separas del grupo, aquí nadie se va a perder... y sin embargo, desde que te despiertas todo es como un sueño, música, colores, olores nuevos, sensaciones que te hacen querer correr de un lado a otro y participar de esa vida que parece sacada de un parque de atracciones... que flota.
Uno se levanta de la cama y se va a desayunar, después, a veces, el barco atraca en un puerto y podemos bajar para hacer una excursión y visitar ese lugar, otros días, no... sólo el mar, sólo navegar. Esos días, después de desayunar, empieza la vida en una pequeña ciudad construida para que uno haga todo eso que siempre deja para después, a la vez que disfruta del tiempo libre y del ocio, se divierte e incluso, muchas veces, se cuida, se pone en forma y se ocupa de su salud... que todos sabemos que durante el año, lo más que nos ocupamos de nosotros mismos es cuando pedimos de postre un zumo de naranja natural, por aquello de las vitaminas o los cinco primeros días del año, cuando compramos verdura y nos ponemos a régimen… en el barco, como nos lo dan todo hecho, no hay excusa. Lo único que hay es tiempo, tiempo para todo lo que queramos.
Los cruceros son auténticas ciudades flotantes. Obviando lo común: las piscinas, los gimnasios, los salones de belleza, las tiendas (aunque los precios no invitan a comprar), los bares, los restaurantes, los servicios de lavandería y todo lo necesario para que una casa funcione… los cruceros grandes te ponen una bandeja con cine en 4D, pista de patinaje, sobre ruedas claro, simuladores del golf de esos que recuerdan a Strar Trek y que te ponen en pleno campo sin moverte del barco, simuladores de Fórmula 1, centros de spa y bienestar, a lo grande, zonas Play Station 3. Bibliotecas, salas de exposiciones, observatorios astronómicos y, por supuesto, casino. Son enormes, son para volverse loco y no saber qué hacer, porque lo quieres hacer todo y también quieres ir de excursión, pero no hay tiempo para todo... siempre queda algo pendiente para la próxima vez, porque habrá próxima vez, esto de los cruceros engancha que no veas...
Costa Cruceros llama a sus barcos con nombres de sugerentes: Costa Serena, Costa Deliziosa, Costa Romántica... que ya te lo dicen todo. Royal Caribbean, los bautiza en inglés: Majesty of the Seas, Jewel of the Seas, Serenade of the Seas... todos vienen del mar, como las sirenas. Hay barcos para disfrutar de la vida, del lujo, del mar y descubrir la paz de interior de uno mismo, para disfrutar de la vida en pareja, para poder tener vacaciones en familia sin tener que preocuparse de los niños todo el tiempo, pero también hay barcos que están ahí para vivir aventuras diferentes, como los de Hurtigruten, que según algunos es el crucero más bello del mundo, claro que te lleva de la manita hasta las heladas tierras del norte de Europa y eso, uno no puede hacerlo solo.
Las opciones son mil, las oportunidades todas, porque los barcos salen cada día del año, cada temporada hacia una ruta diferente... sólo es cuestión de elegir el barco que quieres y dejarte llevar.
Se trata de conocer otros mundos, otras culturas, otras historias, pero sin preocuparse del transporte, el alojamiento, la comida, trazar un itinerario... sin preocuparse de nada.
Yo que soy fundamentalmente cómoda, pero que a la vez tengo el espíritu de los niños, disfruto los cruceros más que nadie. No hay peligro, no hay riesgo salvo en el casino, no hay agobios de tiempo ni pasa nada si coges el pasillo equivocado o si te separas del grupo, aquí nadie se va a perder... y sin embargo, desde que te despiertas todo es como un sueño, música, colores, olores nuevos, sensaciones que te hacen querer correr de un lado a otro y participar de esa vida que parece sacada de un parque de atracciones... que flota.
Uno se levanta de la cama y se va a desayunar, después, a veces, el barco atraca en un puerto y podemos bajar para hacer una excursión y visitar ese lugar, otros días, no... sólo el mar, sólo navegar. Esos días, después de desayunar, empieza la vida en una pequeña ciudad construida para que uno haga todo eso que siempre deja para después, a la vez que disfruta del tiempo libre y del ocio, se divierte e incluso, muchas veces, se cuida, se pone en forma y se ocupa de su salud... que todos sabemos que durante el año, lo más que nos ocupamos de nosotros mismos es cuando pedimos de postre un zumo de naranja natural, por aquello de las vitaminas o los cinco primeros días del año, cuando compramos verdura y nos ponemos a régimen… en el barco, como nos lo dan todo hecho, no hay excusa. Lo único que hay es tiempo, tiempo para todo lo que queramos.
Los cruceros son auténticas ciudades flotantes. Obviando lo común: las piscinas, los gimnasios, los salones de belleza, las tiendas (aunque los precios no invitan a comprar), los bares, los restaurantes, los servicios de lavandería y todo lo necesario para que una casa funcione… los cruceros grandes te ponen una bandeja con cine en 4D, pista de patinaje, sobre ruedas claro, simuladores del golf de esos que recuerdan a Strar Trek y que te ponen en pleno campo sin moverte del barco, simuladores de Fórmula 1, centros de spa y bienestar, a lo grande, zonas Play Station 3. Bibliotecas, salas de exposiciones, observatorios astronómicos y, por supuesto, casino. Son enormes, son para volverse loco y no saber qué hacer, porque lo quieres hacer todo y también quieres ir de excursión, pero no hay tiempo para todo... siempre queda algo pendiente para la próxima vez, porque habrá próxima vez, esto de los cruceros engancha que no veas...
Costa Cruceros llama a sus barcos con nombres de sugerentes: Costa Serena, Costa Deliziosa, Costa Romántica... que ya te lo dicen todo. Royal Caribbean, los bautiza en inglés: Majesty of the Seas, Jewel of the Seas, Serenade of the Seas... todos vienen del mar, como las sirenas. Hay barcos para disfrutar de la vida, del lujo, del mar y descubrir la paz de interior de uno mismo, para disfrutar de la vida en pareja, para poder tener vacaciones en familia sin tener que preocuparse de los niños todo el tiempo, pero también hay barcos que están ahí para vivir aventuras diferentes, como los de Hurtigruten, que según algunos es el crucero más bello del mundo, claro que te lleva de la manita hasta las heladas tierras del norte de Europa y eso, uno no puede hacerlo solo.
Las opciones son mil, las oportunidades todas, porque los barcos salen cada día del año, cada temporada hacia una ruta diferente... sólo es cuestión de elegir el barco que quieres y dejarte llevar.
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lunes, 5 de octubre de 2009
Ryanair se supera un poco más
Hace años, volar en avión era un lujo al alcance de unos pocos, pero la revolución de las low cost ha puesto este medio de transporte a la orden del día. La bajada de los precios ha permitido que podamos volar en cualquier momento, en lugar de viajar por tierra con transportes más lentos. Pero no todo han sido ventajas. La popularización de los billetes de avión ha reportado unos beneficios económicos demasiado pequeños para los dueños de las compañías y estos, ni cortos ni perezosos, se han buscado las vueltas para contrarrestar las pérdidas y llenarse los bolsillos.
La forma es lo de menos y tampoco importa si es legal o no. El caso es ganar dinero. Hace unos días, El Economista, publicaba una noticia sobre las barbaridades de Ryanair con sus empleados. Y nosotros pensando que los clientes éramos los únicos estafados por la compañía irlandesa. Al parecer los sindicatos les van a poner las pilas, ya que los clientes no sabemos cómo, porque en Ryanair no da la cara ni el gato.
Y es que la low cost se está forrando por todos los flancos. Al parecer, reciben subvenciones locales de cada país, arguyendo que promueven el turismo (que se lo pregunten a los franceses, que los tienen contentos). Por ahí se comenta que después vuelven a cobrar a otros colectivos prometiéndoles clientes... léase, los taxistas que están en esos aeródromos a los que, salvo poquísimas excepciones, vuela Ryanair y de los que no hay forma de salir, especialmente cuando el vuelo es de madrugada, otra cosa que tampoco es lógica, hasta que piensas si no estarán cobrando también a los hoteles, bien sea a los que quedan "cerca" y en los que indefectiblemente acaba el pasaje, o bien sea en los que te aparcan ellos cuando el vuelo se retrasa indefinidamente y que por cierto, tienes que pagar tú mismo a pesar de la legislación al respecto. Porque aunque no lo creáis, hay países en los que no se puede echar la culpa a Iberia del retraso... a veces la culpa también es de otras compañías.
Pero con esta financiación extra no es suficiente, yo creo que la mayor fuente es la compra de billetes. Sí, la compra de billetes por medio de su página web. El que no la conozca que le eche un vistazo… es como una gincana. Los precios del principio no tienen por qué coincidir con los del final, ni tienen por qué parecerse... que si quieres subirte el "primer" o el "según" en el avión, tienes que pagar 6€ más, que si quieres que te manden un mensaje al móvil para confirmar que has conseguido comprar el billete... como si no te fuesen a dar recibo... pues a pagar más, que si quieres seguro, que si quieres llevar maleta... es para nota. Y es que dentro de las ilegalidades, lo de la maleta se lleva la palma y si no, consultad los derechos del pasajero (el artículo 97 de la Ley 48/1960, de 21 de julio, sobre Navegación Aérea ) según los cuales, el transporte de la maleta va incluido en el precio del billetes, lo único que pueden hacer es fijar las dimensiones del bulto a facturar y su peso máximo... pero es igual, para qué vamos a discutir. Total, como es una ley de 1960 y según dicen ellos "como lo hace todo el mundo" pues ala, ya está. Eso voy a decirle yo al próximo guardia que me multe por correr... "como en la F1 corren todos..."
Y si consigues comprar el billete, haz el favor de acordarte, de hacer la facturación on-line entre los 15 días y las 4 horas antes de que salga el avión... y luego imprime la hoja o mejor, imprímelas todas para no errar, que luego en el aeropuerto, si no tienes la que ellos quieren en ese momento, te cobran algo así como 40€ más, por imprimírtela ellos. Eso es por te creías que el billete te había salido barato o para que no te quejes del precio de las fotocopias en color... no sé. Si te traes el billete impreso de casa, tienes alfombra roja para lo que quieras, te puedes colar por el aeropuerto sin enseñar el DNI y nadie te va a preguntar nada. De hecho, te puedes subir al avión con el baúl de la Piqué y nadie te va a decir nada. Pero como no lleves el dichoso papel que abre las puertas del reino... vas a flipar. Porque te revisan, te pesan, te miden y te tienes que identificar 40 veces, además de pagar.
Una vez dentro del avión, abandona toda peregrina idea de dormir, si es que ibas a hacerlo, porque la opción de financiación C, está a punto de empezar... ¡que viva el circo! Pipas, chicles, caramelos, pelotas de golf... cigarrillos sin humo... que ya me contarás tú qué puede ser eso... papeletas para la rifa de un súper coche como los de los SMS de móviles... y por fin: trompetas y aplausos... igual, igual que en el circo de hace años. Payasos incluidos y viajeros estupefactos también.
Pero ahí no acaba la cosa, qué va... la fórmula de financiación D es la mejor. Es la de la respuesta única, es decir: "mire, que me he equivocado reservando mi billete, que he comprado uno para donde no era, porque es realmente complicado acertar, que mi vuelo se retrasa, que me han perdido la maleta, que tengo una queja, que qué cuernos es eso de la facturación on-line y de los 40€ famosos..." la respuesta única es un elocuente silencio, que viene a querer decir "a mí qué me cuentas, que a mí me importa un bledo". Así, ahorrando personal... pues nada, te toca comprar otro billete, otra maleta o cambiarte de compañía... lo cual también reporta ingresos no creáis que no.
Si te pones muy pesado, muy pesado, al final un alma caritativa de otra compañía, te da un papelito (que les han dado a ellos para repartir a los quejicas) del tamaño de un bono-metro en el que viene un fax y una dirección postal de Dublin, a los que puedes enviar tu queja previamente escrita en inglés y ya si quieres, pones en el asunti "para archivar" porque no creo que nadie vaya a leerla. La otra opción es el 902 irlandés, para hablar con la máquina de turno y gastarte más que un billete en primera clase, para líneas transoceánicas. Un despropósito. Ilegal de todo punto, por supuesto, pero de momento consentido y tolerado, por la ley de la vagancia. Claro, que si eres un poquito espabilado, te mueves y buscas por la red algún correo al que remitir tu lista de quejas, que a esas alturas es más grande que la hacías a los Reyes Magos, alguno encontrarás. Pues para evitar pérdidas de tiempo os anuncio que esos mails son como las leyendas urbanas, todos tenemos alguno y todos son inútiles.
Y luego, te dan la opción de comprar un seguro, que es casi obligatorio porque la opción de rechazar el seguro está escondidita, como los radares de las carreteras. Un seguro que no sé para qué valdrá ni cómo se puede cobrar en caso de que algo salga mal, porque como no te va a contestar nadie en ningún sitio y nadie te va a hacer ni caso nunca... pues nada. A pagar como los tontos. A estas alturas si alguien conoce a alguien que conozca a alguien que sepa si en la compañía trabajan personas o es todo un holograma, que comparta vías para posibles soluciones con esta miríada de clientes descontentos.
La forma es lo de menos y tampoco importa si es legal o no. El caso es ganar dinero. Hace unos días, El Economista, publicaba una noticia sobre las barbaridades de Ryanair con sus empleados. Y nosotros pensando que los clientes éramos los únicos estafados por la compañía irlandesa. Al parecer los sindicatos les van a poner las pilas, ya que los clientes no sabemos cómo, porque en Ryanair no da la cara ni el gato.
Y es que la low cost se está forrando por todos los flancos. Al parecer, reciben subvenciones locales de cada país, arguyendo que promueven el turismo (que se lo pregunten a los franceses, que los tienen contentos). Por ahí se comenta que después vuelven a cobrar a otros colectivos prometiéndoles clientes... léase, los taxistas que están en esos aeródromos a los que, salvo poquísimas excepciones, vuela Ryanair y de los que no hay forma de salir, especialmente cuando el vuelo es de madrugada, otra cosa que tampoco es lógica, hasta que piensas si no estarán cobrando también a los hoteles, bien sea a los que quedan "cerca" y en los que indefectiblemente acaba el pasaje, o bien sea en los que te aparcan ellos cuando el vuelo se retrasa indefinidamente y que por cierto, tienes que pagar tú mismo a pesar de la legislación al respecto. Porque aunque no lo creáis, hay países en los que no se puede echar la culpa a Iberia del retraso... a veces la culpa también es de otras compañías.
Pero con esta financiación extra no es suficiente, yo creo que la mayor fuente es la compra de billetes. Sí, la compra de billetes por medio de su página web. El que no la conozca que le eche un vistazo… es como una gincana. Los precios del principio no tienen por qué coincidir con los del final, ni tienen por qué parecerse... que si quieres subirte el "primer" o el "según" en el avión, tienes que pagar 6€ más, que si quieres que te manden un mensaje al móvil para confirmar que has conseguido comprar el billete... como si no te fuesen a dar recibo... pues a pagar más, que si quieres seguro, que si quieres llevar maleta... es para nota. Y es que dentro de las ilegalidades, lo de la maleta se lleva la palma y si no, consultad los derechos del pasajero (el artículo 97 de la Ley 48/1960, de 21 de julio, sobre Navegación Aérea ) según los cuales, el transporte de la maleta va incluido en el precio del billetes, lo único que pueden hacer es fijar las dimensiones del bulto a facturar y su peso máximo... pero es igual, para qué vamos a discutir. Total, como es una ley de 1960 y según dicen ellos "como lo hace todo el mundo" pues ala, ya está. Eso voy a decirle yo al próximo guardia que me multe por correr... "como en la F1 corren todos..."
Y si consigues comprar el billete, haz el favor de acordarte, de hacer la facturación on-line entre los 15 días y las 4 horas antes de que salga el avión... y luego imprime la hoja o mejor, imprímelas todas para no errar, que luego en el aeropuerto, si no tienes la que ellos quieren en ese momento, te cobran algo así como 40€ más, por imprimírtela ellos. Eso es por te creías que el billete te había salido barato o para que no te quejes del precio de las fotocopias en color... no sé. Si te traes el billete impreso de casa, tienes alfombra roja para lo que quieras, te puedes colar por el aeropuerto sin enseñar el DNI y nadie te va a preguntar nada. De hecho, te puedes subir al avión con el baúl de la Piqué y nadie te va a decir nada. Pero como no lleves el dichoso papel que abre las puertas del reino... vas a flipar. Porque te revisan, te pesan, te miden y te tienes que identificar 40 veces, además de pagar.
Una vez dentro del avión, abandona toda peregrina idea de dormir, si es que ibas a hacerlo, porque la opción de financiación C, está a punto de empezar... ¡que viva el circo! Pipas, chicles, caramelos, pelotas de golf... cigarrillos sin humo... que ya me contarás tú qué puede ser eso... papeletas para la rifa de un súper coche como los de los SMS de móviles... y por fin: trompetas y aplausos... igual, igual que en el circo de hace años. Payasos incluidos y viajeros estupefactos también.
Pero ahí no acaba la cosa, qué va... la fórmula de financiación D es la mejor. Es la de la respuesta única, es decir: "mire, que me he equivocado reservando mi billete, que he comprado uno para donde no era, porque es realmente complicado acertar, que mi vuelo se retrasa, que me han perdido la maleta, que tengo una queja, que qué cuernos es eso de la facturación on-line y de los 40€ famosos..." la respuesta única es un elocuente silencio, que viene a querer decir "a mí qué me cuentas, que a mí me importa un bledo". Así, ahorrando personal... pues nada, te toca comprar otro billete, otra maleta o cambiarte de compañía... lo cual también reporta ingresos no creáis que no.
Si te pones muy pesado, muy pesado, al final un alma caritativa de otra compañía, te da un papelito (que les han dado a ellos para repartir a los quejicas) del tamaño de un bono-metro en el que viene un fax y una dirección postal de Dublin, a los que puedes enviar tu queja previamente escrita en inglés y ya si quieres, pones en el asunti "para archivar" porque no creo que nadie vaya a leerla. La otra opción es el 902 irlandés, para hablar con la máquina de turno y gastarte más que un billete en primera clase, para líneas transoceánicas. Un despropósito. Ilegal de todo punto, por supuesto, pero de momento consentido y tolerado, por la ley de la vagancia. Claro, que si eres un poquito espabilado, te mueves y buscas por la red algún correo al que remitir tu lista de quejas, que a esas alturas es más grande que la hacías a los Reyes Magos, alguno encontrarás. Pues para evitar pérdidas de tiempo os anuncio que esos mails son como las leyendas urbanas, todos tenemos alguno y todos son inútiles.
Y luego, te dan la opción de comprar un seguro, que es casi obligatorio porque la opción de rechazar el seguro está escondidita, como los radares de las carreteras. Un seguro que no sé para qué valdrá ni cómo se puede cobrar en caso de que algo salga mal, porque como no te va a contestar nadie en ningún sitio y nadie te va a hacer ni caso nunca... pues nada. A pagar como los tontos. A estas alturas si alguien conoce a alguien que conozca a alguien que sepa si en la compañía trabajan personas o es todo un holograma, que comparta vías para posibles soluciones con esta miríada de clientes descontentos.
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