miércoles, 8 de julio de 2009

Las ofertas de verano

Es el momento de elegir destino y salir corriendo para disfrutar de unos días lejos del mundanal ruido, descansar y, si se tercia, conocer mundos, culturas y comidas diferentes. Así que salimos a la calle y oteamos el panorama turístico y sus ofertas.

Egipto desde 300 euros por persona
El mundo cambio su Historia desde que se inventaron las excusas. Los niños suelen decir eso de “es que se me ha escapado”, los padres “bueno, es que yo creía”, los conductores que aparcan mal “si ha sido un momento”, la gente que se cuela “si sólo es una pregunta” y las agencias de viajes dicen “desde”.

Con el “desde” ya está todo arreglado. Son 300 euros, más el suplemento de gasolina, la comida, las excursiones, las propinas, el visado, el otro suplemento que se me había olvidado y no sé qué más... Total, lo mismo que los demás, euro arriba, euro abajo. Y lo malo es que tú lo contratas sin leerte demasiado bien todas las condiciones, pensando que algo hay de suplementos, pero que siempre será más barato... Y, al final, se queda en 800 euros, como todo el mundo. Porque es lo que vale el viaje y no le des más vueltas. Una oferta 100 euros más barata es una buena oferta, 200 euros es una señora oferta, pero menos... es para sospechar.

Una vez en la vida
Luego buscas por Internet y te encuentras esas súper ofertas que sólo ocurren una vez en la vida. Vuelos a 10 euros… ¡Quiero uno! Y vas para allá. Bueno, los vuelos a 10 euros son cuatro, salen desde un aeropuerto secundario a 150 kilómetros de la capital, a horas muy curiosas, hay que reservarlo en primavera para el próximo otoño, tiene que caer un fin de semana en medio y las tasas y el combustible van a parte. ¿Total? Ya lo compraré en otoño al precio que sea... y me aseguro.

He leído cientos de consejos obvios para esto de conseguir súper ofertas, pero, sin duda, el mejor es el de seleccionar toda la oferta, pegarla en Word con un tipo de letra Arial en 14 puntos. Y volver a leerla entera. Así no hay sorpresas.

Personalmente también me ha pasado eso de encontrar un viaje casi por la mitad de su valor, para un grupo y al final conseguirlo de verdad. Es decir, que te lo venden por el precio que pone en grande y que no parece que vaya a haber sorpresas. Y te embarcas en la aventura para encontrarte en el destino con que la luna de miel es “cada uno en una cama y me partieron el grupo en tres hoteles distintos”. Ese es el precio de algunas mayoristas que venden sobre todo a estudiantes.

Una vez allí te callas y te aguantas y que sea lo que Dios quiera... Pero no. Este tipo de timos son un “delito” como cualquier otro y si reclamamos cuando el avión llega tarde, cuando nos pierden las maletas, cuando en el restaurante no nos tratan bien o incluso devolvemos la ropa que hemos comprado y resulta que no es de nuestra talla... pues esto igual. Si os ofrecen las cosas a un buen precio y después cualquier parecido con la oferta es pura coincidencia os aconsejo reclamar en firme. Nunca saldréis perdiendo.

viernes, 5 de junio de 2009

Por la Francia medieval

Acabamos de volver de viaje. Francia. El sur. Una gozada. Cuando hablamos de Francia, todo el mundo tiene una idea preconcebida sobre este país. En España pensamos que se levantan de la cama concentrando esfuerzos para fastidiar al turista y, si éste es español, lo harán con especial mala idea. En Sudamérica, creen que los franceses se ducharon una vez, en tiempos de los reyes godos y hasta hoy... en cualquier caso siempre cabe recordar aquello de "dime de qué presumes..." y ve a conocer el mundo para que tu cabeza se despeje de tonterías.

No obstante, el sur de Francia no es París, ni es Lyon, ni es demasiado moderno ni ha crecido sin orden ni concierto. Es más bien, Sevilla o Graz. Es el ambiente universitario en ciudades como Toulouse y relajación campestre en el resto. No hay prisa, no hay ruido, no hay estrés y a veces ni siquiera hay cobertura de teléfono porque la naturaleza es dueña y señora. Historia y cultura.

Ciudades medievales como Alby o Rodez. Pueblecillos como Figeac, Cahors o Millau; y minúsculas aldeillas olvidadas como Saint Géry o publicadas a los cuatro vientos como Sant Cirq Lapopi, Rocamadour y Conques. Todo ello gira en torno al turismo y pequeñas economías generalmente privadas. Pero el punto común es el turismo y esto hace que la apariencia del entorno sea acorde y llame tanto la atención. El suelo limpio, como corresponde a los países del primer mundo y ocurre siempre que salimos de España. Eso sí, papeleras por todas partes, que todo hay que decirlo.

La comida es espectacular, nada de platos súper elaborados y vacíos de sentido y contenido. Aquí se come como en el sur de casi todos los países: a lo bestia. Pato, foie-grase, queso y vino. Claro que hay muchas más cosas, incluso hamburguesas y comida rápida, pero eso es lo típico. Bueno y en Toulouse judías blancas, claro.

Sin embargo, lejos de los clichés turísticos que normalmente componen la identidad de una región cuando uno viene de fuera, lo que más sorprende es la educación de los franceses de esta región. Por una lado el idioma. Allí todo el mundo se esfuerza, unos hablan un buen español, otros lo hacen peor, el que no habla español, lo entiende y el que no lo entiende lo intenta y el que no es porque habla italiano o alemán. Porque prácticamente todo el mundo habla inglés. Eso llama la atención, sobre todo si se trata de pequeñas poblaciones con 500 habitantes.

Además, si se tiene oportunidad de conocer la región por carretera, me refiero a conduciendo uno mismo, es como retroceder en el tiempo a aquellos años en que la policía no se apostaba tras los matorrales, para "cazar como conejos" a los conductores y ponerles multas, ante la remota posibilidad de que se haya sobrepasado el límite de velocidad en un 0,2%. Allí la mayoría de las veces no hay límites. Y el límite suele superar con creces la velocidad a la que un conductor cuerdo circularía por ese tramo. Casi no hay ningún radar y los que hay se ven desde un avión, están indicados y señalizados... Nadie conduce de forma temeraria y cada uno es dueño y responsable de su seguridad, no es necesario gastar más dinero en tapizar el territorio con carteles que les amarguen el viaje recordando el número de víctimas que hubo el año anterior o increpando a que uno se ponga el cinturón... sabiendo que el cinturón es una medida discutible, es decir, no pone en peligro la vida de nadie (como el conducir ebrio) sino la del propio conductor y, en cualquier caso le corresponde a él decidir si lo utiliza o no, aunque paradójicamente, uno se lo pone no por seguridad, sino para tener la seguridad de que el policía escondido no te multará también por no llevarlo.

En Midi Pyrinees, todo el mundo se ocupa de su propia seguridad y conduce según sus posibilidades, incluso cuando aparece una moto en el horizonte, los coches se apartan amistosamente a la derecha para evitar colisiones y ceden el paso al que va más deprisa, incluso en los cruces. Es muy interesante su estilo de vida y todo lo que ofrecen al visitante. Si alguien está especialmente interesado, esa es la zona de los cátaros, todo medieval y realmente constituye un viaje en el tiempo que merece la pena hacer, al menos una vez.

jueves, 21 de mayo de 2009

Una vacaciones a precio de casa

Ahora que comenzamos a preparar las vacaciones nos damos cuenta de que la cartera la hemos debido dejar en los otros pantalones... porque abulta tan poco que no se la ve. Un viaje que resulte inolvidable, pero que cueste poco dinero: Austria. Sin duda todos pensáis que estoy diciendo tonterías, porque Austria otra cosa no, pero fama de ser una de las perlitas de Europa y, por tanto, de entre lo caro, lo más caro, pero nada más lejos. Viena, la capital, maravillosa como ella sola, puede que sí, quizá un poco más, pero vaya, que el país va mucho más allá.
Pongamos por caso, montañas, deportes, naturaleza y tranquilidad: Innsbruck, la capital de los Alpes. Allí donde se suelen disputar los juegos de invierno, donde el famoso tejadillo de oro, donde las vaquitas de Milka cruzan para tomarse unas vacaciones. Es el Tirol, no son las montañas de Heidi, pero las mejoran. Es una comarca tradicional hasta en los detalles más insignificantes y luego te encuentras con edificios vanguardistas dignos de Nueva York o de Tokyo.
Si lo que uno quiere es comer y beber bien, pero bien con mayúsculas... Salzburgo. Donde está la abadía de Sonrisas y Lágrimas, donde nació Mozart, donde está el Hangar 7, sinónimo de arquitectura, arte contemporáneo y alta cocina y donde cada año se celebra el Gran Festival de Salzburgo. Aquí se suele venir en plan familiar, cultura hasta en la sopa, que será estupenda, porque la comida allí tiene un 10.
Y si uno lo que quiere es juerga y pasarlo bien, pues Graz. Es la segunda ciudad en importancia del país y es la universitaria. Con su isla flotante del río Mur, la torre del reloj, que es el icono de la ciudad y donde los enamorados suben a darse su primer beso, los heurigern, que son jardines para tomar vino blanco y cerveza (terrazas de verano para que nos entendamos, pero muy bien ambientadas) y lo que poquito que en Europa se puede llamar bar, sabiendo a lo que nos referimos y lo que esperamos de un bar: música, copas y que no cierre a las doce en punto como el bar de Cenicienta.
En Austria se puede comer de menú por 5€, que no está nada mal y las tiendas no son ni la mitad de caras que en Madrid o Berlín ni que por supuesto, en Londres o en París. El sistema de transporte público es una auténtica gozada y está pensado para eso, para que lo use el público, que con un euro te vas a la otra punta de la ciudad en metro, tranvía y autobús, una cosa después de la otra... y con el mismo euro, quiero decir, con el mismo billete. La gente es acogedora hasta el final, cuando hablan inglés... se les entiende, cosa muy de agradecer, porque el alemán ya son palabras mayores, pero cuando uno aprende inglés y se va a Londres, se quiere pegar un tiro y se vuelve a apuntar a primero de la academia.
Yo no soy austriaca, pero me parece un lugar tan encantador y tan rico en todos los sentidos, que estoy en trámites, a ver si me adoptan pronto.

martes, 28 de abril de 2009

Rescatar a la princesa

Durante este último fin de semana (del 24 al 26 de abril) se han celebrado en Oropesa, en Toledo, las X jornadas medievales. ¿Alguien ha estado? Es como un mercadillo medieval, pero a lo bestia. Se celebra en abril, pero hay que estar muy atento para saber exactamente qué fin de semana será. Y es que en este pueblo, la gente se pasa meses preparando la fiesta. No dejan nada a la suerte, cuidan todos los detalles y allí colabora hasta el último mono.

Representaciones teatrales, como el rescate de la princesa, que es un montaje muy cachondo, sobre la leyenda que se supone, da nombre al pueblo. Porque al raptar a la princesa, pidieron al rey un rescate por ella, en metálico. Y la subieron a una balanza para cobrar su peso en oro... de ahí viene el nombre: Oro-pesa. Luego hay otros como el de la peste, el Apocalipsis, la danza de la muerte... con personajes y hechos, más o menos históricos. Hacen pasacalles con músicos, bailarines, malabaristas, torneos a caballo, tiro con arco, recitado de romances, Cuentacuentos, teatro callejero, guiñol... lo que se os ocurra. Incluso hay talleres que te enseñan a elaborar las banderas y los estandartes con los que luego se decoran el castillo y el pueblo entero. Hasta las papeleras están decoradas ad hoc.

Toda la gente se viste de campesinos, princesas, odaliscas, moros, cruzados... es como sumergirse durante unos días en un cuento. Además, el pueblo se llena de puestos con todo tipo de artículos, también preparados como si fuera un verdadero mercado medieval... pero limpio. Los puestos son los típicos de los demás mercadillos, aunque en esta ocasión disfrazan el puesto, la mercancía y a los propios vendedores con un poco más de intención, de manera que parece que realmente estás comprando un quesito en el siglo XIII. De hecho, cuidan tanto el detalle, que las ensaladas no llevan ni tomate, ni maíz, ni patata... ya que aún no se conocían esos productos en la península.

Se puede comprar casi de todo, lo único que puede frenarnos mucho son los precios, porque desde que se inventó eso del comercio justo, las artesanía, los productos naturales y la denominación de origen... está claro que no se puede comprar nada. Yo creo que son productos normales que pagan un plus tan alto por llevar esa etiqueta, que por eso nos los venden a precio de oro. Quizá fueran reliquias medievales de verdad y por eso las vendían a esos precios. En cualquier caso un trocito de queso, no puede costar casi 30€ ni una ensaladera de madera 200€. Eso es exagerado, ¿verdad? Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre... Por eso os recomiendo, que el año que viene, cuando vayáis, no sólo os disfracéis, sino que deis primero una vuelta para controlar lo que hay, antes de comprar y después, buscar bien las buenas ofertas, porque también las hay.

miércoles, 15 de abril de 2009

Viajar a Tailandia

Al parecer no es suficiente con que haya crisis en el sector. Ahora también hemos decidido apuntarnos al carro de no viajar porque no es seguro. Supongo que todos habréis visto las noticias sobre lo que está ocurriendo en Tailandia. "Un grupo de radicales enloquecidos han tomado las calles y fusilan sin piedad a todos los turistas que no se sepan el himno. Se están cerrando las fronteras y van a cambiar el nombre al país por Nueva Macedonia", esto último es para despistar y dar por saco.

¿Cómo se puede ser tan tremendamente alarmista? Si hiciéramos caso a todo lo que dicen algunos medios de comunicación, durante las vacaciones no saldríamos de casa. Esa manía de exagerar las cosas para ganar audiencia no trae buenas consecuencias a la larga... En febrero hubo un atentado en El Cairo que mató a una turista francesa y dejó 17 heridos, así que a Egipto ya no se puede volver nunca más, que es muy peligroso. A Italia tampoco, porque como hace unos días hubo un terremoto... se ve que es gente poco seria, que no tienen en regla los papeles de los desastres naturales y como no pagaron el impuesto de terremotos, les ha caído uno por sorpresa. A España tampoco es bueno venir, no sea que te pille la huelga de pilotos del mes y te quedes en el aeropuerto haciendo una ampliación forzosa de las vacaciones. En esta línea lo mejor es quedarse en casa rezando.

Tengo la impresión de que el señor Miguel Ángel Moratinos, ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, se ha pasado mucho diciendo que viajar a Tailandia no es seguro y que en breve tendrá que dar marcha atrás. Debería hacerlo. ¿Conocéis a alguien que viva en Tailandia? Seguro que os dice que la mayoría de las cosas que tanto nos preocupan aquí, allí ni han pasado ni tenían noticia... Personalmente es el momento en que yo hago la maleta y salgo corriendo porque tienes el país para ti solito y no hay nadie que te moleste en ningún sitio. Pero creo que tampoco es eso. Quizá viajar esta semana no es buena idea, sobre todo porque acabamos de volver de las vacaciones de Semana Santa y esta feo volver a irse de vacaciones, pero seguro que esta decisión tan poco meditada, por parte de todos los que han intervenido, afectará seriamente al turismo tailandés, sin que éste entienda jamás porqué ha pasado.

Todo el jaleo está fuera de los circuitos turísticos habituales, las infraestructuras del país, los aeropuertos (dentro de lo que son), las carreteras, las vías ferroviarias y los hoteles funcionan con total normalidad. Al fin y al cabo se trata de ejercer presión sobre los políticos locales, no sobre los turistas. Que nadie cancele sus vacaciones. Que ahora vienen los mejores festivales del año y merece la pena darse un homenaje de este calibre.